Hay Soluciones (I)

El Test de Estrés de la Sanidad

La Sanidad sufre en estos momentos el mayor “test de estrés” de su vida.

En los dos últimos años la Sanidad ha pasado al primer plano político, no por problemas sanitarios sino por problemas de sostenibilidad.  Este reto contiene muchos de los elementos de un test de estrés cardíaco o los de la banca. En todos los casos se somete a una entidad o a una persona  a unas situaciones extremas. En este caso el estrés test para la Sanidad no ha sido realmente un “test “; ha sido una realidad ya que la crisis más real no puede ser.

En el País Vasco Osakidetza ha aguantado bien su test de esfuerzo porque se ha gestionado la crisis con un plan de gestión organizado, sin grandes traumas. Incluso se ha mejorado en listas de espera y seguimos ampliando  programas como el cribado de cáncer de colon y de mama  y en mejoras de calidad.  A pesar de eso somos conscientes que aún debemos de tomar decisiones difíciles en 2012 para asegurar la fortaleza de la organización.

Ninguno de los grandes males de la Sanidad –la insuficiente continuidad asistencial , ciertas ineficiencias y duplicidades, la calidad y seguridad clínica…– se arreglan con más dinero únicamente.  En un sistema con esos profundos problemas inyectar más dinero no es más que una parte de la solución. Más de lo mismo con más dinero producirá más de lo mismo .

La paradoja que complica aún más el futuro es que aunque mejoren las cosas en nuestra economía, muchos de los factores que hoy afectan a la sanidad -demografía, inflación, tecnologías más caras, expectativas crecientes de los ciudadanos – no sólo no desaparecerán sino que se agudizarán, con lo cual necesitaremos un sistema muchísimo más eficiente que el actual.

El 75 % de los vascos mueren por diabetes, cáncer, enfermedades cardiovasculares y enfermedades crónicas respiratorias, todas ellas crónicas. Como botón de muestra, en Euskadi hay más de 60 000 pacientes que toman más de 15 medicamentos al día y en España hay ya medio millón de demencias seniles incluida el Alzheimer.

Estos cambios provocaran en  la próxima década un 100% de aumento de la demanda frente a un 10% de crecimiento en la financiación. Y, la conclusión evidente es que el sistema de salud no está preparado para la magnitud de estos retos y debemos empezar a dar los pasos para que lo esté.

Han cambiado los retos; debe cambiar el sector.

En ese contexto no hay que descartar nuevas fuentes de financiación pero bastante más importante será empezar una reforma en profundidad de la forma que tenemos de ejercer la medicina y organizar el sistema de salud. Necesitamos soluciones más imaginativas y arriesgadas.

No hay una respuesta tipo “big bang” pero sí soluciones prometedoras.  Es necesario mover varias poleas de cambio, todas complejas pero posibles. Varios son cambios estructurales profundos pero todo indica que es la dirección adecuada. En Euskadi ya hemos empezado a caminar en esa dirección de forma organizada.

En primer lugar es necesario un nuevo relato.  El SNS de salud de este siglo  carece de un  “relato”  motivador.  La contención del gasto –el relato de estos últimos meses en toda España– no debe ser el del sector. Un nuevo relato debe aportar cohesión social en un momento en el que no existen muchos elementos que aporten seguridad a la población. Saber que existe una sanidad fuerte y pública refuerza esa visión de seguridad. En ese sentido la sanidad no es un gasto, es claramente una inversión. Esa es la noción básica dela Estrategia de Crónicos que impulsamos en Euskadi.

En segundo lugar es preciso desarrollar un nuevo modelo asistencial. El llamado déficit estructural de la Sanidad no es sólo financiero, es organizativo. Las mejoras para los pacientes y las eficiencias para el sistema se logran reorganizando la actual fragmentación del sistema asistencial e ingresos hospitalarios evitables. Por ejemplo, enviar un enfermero a visitar a los pacientes inmediatamente después del alta hospitalaria ha supuesto un ahorro sustancial al evitar reingresos costosos e innecesarios. Asimismo, la utilización de coordinadores de cuidados entre sanidad y servicios sociales puede reducir las visitas a urgencias en un 29%. Programas así mejoran la calidad de vida de los pacientes, consiguen reducir hasta un 30% los reingresos y  generan un ahorro de millones de euros.

En tercer lugar, es necesario un cambio profundo de la percepción del ciudadano como consumidor pasivo de servicios. El sistema de salud ha sido históricamente paternalista con el ciudadano, le ha restado responsabilidad en la gestión de su propia salud. Necesitamos crear condiciones nuevas que apoyen al ciudadano en la co-gestión de su enfermedad. Sabemos cómo hacerlo: parte de la respuesta  es digital, con los pacientes recibiendo y enviando información sobre su salud, concibiendo el desarrollo del paciente digital como un proyecto social y no sólo tecnológico.

En cuarto lugar, seguimos teniendo demasiadas medicinas prescritas por demasiados médicos durante demasiado tiempo. Esto no solo produce un gasto enorme sino que provoca ingresos al hospital provocados por el mal uso de los medicamentos. Es necesario decidir qué prestaciones y qué procesos utilizados actualmente no aportan beneficio clínico real. Hay más de las que se cree. Con el fin de  evitar que se haga de forma indiscriminada es necesaria una forma más objetiva de decisión. Por ello hemos desarrollado una entidad que sugerirá al ámbito de la decisión qué se debe financiar con dinero público.

En quinto lugar es preciso reforzar y fomentar la  prevención. El sistema de salud más sostenible será aquél que reduzca la necesidad de cuidados. Los vascos han reaccionado mejor que nadie ala Ley Antitabaco y muchos aprovechan la nueva situación para dejar de fumar. La amenaza para la  salud pública más importante en esta década será la obesidad, con el consecuente aumento de la diabetes, el cáncer y  las enfermedades cardiovasculares. La sanidad deberá jugar un papel importante pero más aún la industria. En estos momentos la industria de la alimentación no está auto-regulando el contenido de sal, azúcar y grasa de sus productos. Solo en el último mes en Euskadi se ha diagnosticado diabetes a 250 personas. La industria alimentaria debe empezar a auto regularse en serio, si no se lo “harán” y pronto.

Estamos ante una necesaria transformación que afecta a todos los actores del sistema: políticos, industria, profesionales de la salud y pacientes. Su puesta en práctica permitirá a la Sanidad aguantar los test de estrés del futuro. En caso contrario aparecerá con más claridad la privatización como falsa solución y nuevo “relato”.

En Euskadi ya ha empezado esa reforma.

Mi postura digital… ¡personal!

Empieza aquí y ahora mi andadura digital… con un carácter exclusivamente personal y que, a la vez, pretende acercarse a todos aquellos interesados, como yo, en la mejora de la Sanidad.

En primer lugar pienso que este medio facilita el proceso idóneo para aprender de los demás, ya que es evidente que incluso muchas ideas innovadoras procedentes de la propia red asistencial se pierden porque no tienen cauce para salir a la luz. El concepto de que muchas ideas están “abajo” se ha confirmado con el proyecto de crónicos en estos dos últimos años –ya hay más de cien proyectos llamados “bottom up “ que están siendo implementados en la red de Osakidetza.

Hasta ahora me había resistido a difundir mis ideas y opiniones en un foro electrónico de este tipo, tal vez porque pensara que debían ser otros, los medios de comunicación tradicionales o los grupos de prensa especializada, los que determinaran si mis posturas o declaraciones o meras reflexiones merecían ser publicadas; quizás porque estimara que cualquier publicación había de pasar por un proceso editorial.

Pero ahora creo que los nuevos medios digitales proporcionan un canal diferente que ha trastocado los roles tradicionales y que transforma en editores a los propios lectores, que pueden difundir, o no, estos textos en otras redes, y a la vez interactuar directamente con el autor y expresar sus opiniones, sugerencias e impresiones… ¡sin intermediarios!