La Crisis de Confianza en las Vacunas

Hay una crisis de confianza en las vacunas en general; y va bastante más allá de la vacunación de la gripe. Se trata de una crisis injustificada científicamente, pero es real.

Y por eso es importante que entendamos bien este fenómeno, y especialmente su impacto en Euskadi, con el fin de poder intervenir desde la Administración, los profesionales de la salud y los medios. Si estos actores no comprenden bien la situación se puede poner en peligro la vida de muchas personas. En Nigeria la diseminación mediática de falsas noticias en relación a la poliomielitis hace pocos años, ocasionó numerosos  muertos y parálisis infantiles que ya habían desaparecido del país.

Hay que señalar que esta crisis de confianza choca con la realidad, una realidad que es objetiva y muy concreta: la prevención de la mortalidad en el mundo por las vacunas ha sido considerada en el siglo pasado como una de las historias de mayor éxito en la salud pública de la centuria. Antes de la utilización generalizada de las vacunas, las enfermedades infecciosas (polio, difteria, tosferina, sarampión, viruela) fueron la mayor causa global de fallecimientos. Para todas estas enfermedades existen vacunas; y muchos de los que pudieran estar leyendo ahora mismo este artículo están ahí, como yo mismo, porque nuestros padres nos vacunaron en su día. Adicionalmente, las nuevas vacunas, como las del papilomavirus y el neumococo, extenderán esa historia de éxito.

La viruela, difteria, polio o sarampión eran enfermedades prevalentes; y justamente por eso su vacunación gozaba de una enorme aceptación: de hecho, se formaban largas colas para vacunarse contra la polio. Y precisamente gracias a esas vacunaciones, algunas de estas enfermedades –sobre todo la viruela, y pronto la polio– han desaparecido hoy en día.

Más recientemente, y especialmente en las últimas décadas, lo que ha venido pasando es que, aunque las vacunas son cada vez más seguras y más eficaces, el público está  más ansioso con los posibles efectos secundarios de esas vacunas. Esta ansiedad no está justificada: se trata de una errónea percepción de riesgo que, además, promueven ciertos grupos anti-vacunas en Internet, ciertos profesionales  y medios mal informados. Así que esa misma ansiedad ha hecho bajar la tasa de vacunación en algunos países, por lo que han surgido brotes nuevos de enfermedades con numerosas muertes. Es necesario, por tanto, saber por qué se está dando esta situación, precisamente para poder actuar cuando no hay urgencias, entre pandemias, y así prepararnos para cuando nos alcance una.

¿Qué estamos haciendo con este problema?

En las últimas dos décadas los sistemas para evaluar la seguridad de las vacunas han mejorado de forma importante. Sin embargo, la comprensión por parte de los ciudadanos del balance riesgo-beneficio de las vacunas es pobre, y necesita explicarse mejor. Eso hacen los pediatras y profesionales de la salud todos los días y  es una de las líneas de trabajo del Departamento de Sanidad y Consumo: poder explicar mejor el riesgo-beneficio que se da en todas esas vacunas.

Los profesionales de la salud que cuestionan la vacunación no podrán ejercer desde el sector público de forma responsable. La Administración intervendrá sobre estos profesionales. Los colegios profesionales y asociaciones también tendrán que posicionarse.

Los medios, los profesionales y la Administración deberán responsablemente explicar mejor a la población que se están dando pasos enormes en las tecnologías sanitarias usadas para que las vacunas sean cada vez más seguras.

También debemos presionar en los aspectos de las vacunas asociados a la industria farmacéutica. Pensamos que para que la población se fíe más de los productores de vacunas y no crean en teorías conspiratorias o se imaginen acuerdos oscuros entre la industria y la OMS, por ejemplo, es necesario que la industria farmacéutica sea más transparente. Nosotros, como administración, presionaremos para que así sea.